En las relaciones afectivas, a no ser que sea por algún tipo de psicopatología, no existen personas tóxicas sino, más bien, personas que simplemente no nos convienen.

¿Por qué hay que dejar ir, soltar ,“let it go…let it go”,  aquello que no podemos sostener y abrirnos a nuevas posibilidades sanas y satisfactorias?

… Porque la persona que algún día quisimos es valiosa en sí misma, al margen de que ya no lo sea para nosotr@s en la actualidad. Y ese valor que reconocimos de ella, u otro que no llegamos a descubrir, puede ser apreciado por otra persona

… Porque esa persona o esa relación que sentimos que no nos conviene, no nos hace felices o nos hace daño, puede llegar a ser buena, satisfactoria e incluso conveniente para otra persona

… Porque, como decía mi abuela, “siempre hay un roto para un descosido” y no le faltaba razón

Sin embargo, a pesar de vivir una relación que no nos conviene, much@s, tenemos resistencias a abandonarla. Y aunque desde fuera, nuestras amistades, familiares, incluso nosotr@s mism@s, siendo racionales y viendo con claridad que esa relación no nos hace bien, siendo lo más inteligente abandonarla, existe un impulso humanamente primitivo y primario – vinculado a nuestras necesidades vitales no resueltas – a aferrarnos a una ínfima posibilidad de que esa relación las cubra de forma idealizada.

Ten en cuenta que quieres una pareja, con todo lo que sanamente conlleva (confianza, intimidad, compromiso…), y no un salvador o salvadora que sostenga tus necesidades no resueltas

Así que, la primera ruptura que hay que hacer, en este tipo de circunstancias, es la interna, la propia, frente a todas esas necesidades vividas desde la amenaza y el miedo a perder y evitar, con ello, engancharnos a lo que no nos conviene. Pero esto no significa que esa persona sea tóxica ni siquiera la relación en sí misma lo es.

Ser consecuentes con ello consiste en sostener y gestionar el dolor y el vacío – mediante la ayuda y acompañamiento psicológico adecuado -, que sabemos incurre tras dejar ir una relación que no nos conviene, junto al proceso de duelo que tal decisión conlleva y, posteriormente, abrirnos a otras posibilidades que nos aporten lo que verdaderamente deseamos y valoramos en una relación de pareja. Para ello, es importante atendernos (confiar en nuestra sensación genuina e interna), cuidarnos (que esa sensación nos guíe para tomar decisiones y actuar de forma coherente y sabia) y conocernos (poniendo en valor nuestros valores, prioridades, intereses, necesidades sanas (afecto, pertenencia, seguridad…autoestima) de tal forma que, lejos de culparnos, podamos reciclarnos y reconvertir esa relación, que dejamos ir, en una experiencia vital.