Si hay una premisa que los gurús del «pensamiento positivo» saben explicar fetén es que los pensamientos influyen sobre los sentimientos y la conducta. Sin embargo, hay un problema obvio, y es el hecho de que los pensamientos positivos no son necesariamente válidos o correctos.

Por ejemplo, una persona puede engañarse con pensamientos positivos («tú puedes», «prohibido rendirse», «sonríe, todo pasará», «la vida son dos días»…) sobre situaciones o bases poco realistas. A mayores expectativas e ilusiones positivistas mayor será la desilusión.

Los pensamientos positivos llevan a sentimientos positivos siempre y cuando la persona esté convencida de que son ciertos.

Por ello, los gurús del pensamiento positivo fundamentan sus afirmaciones en el «principio de autoridad«. Este principio se basa en aceptar y creer la información positiva e ilusoria del pensamiento positivo del coach, conferenciante o magufo de turno al que se le asigna u otorgar autoridad sin comprobar evidencias de lo que dice y sin criticar sus afirmaciones. Esto lo saben muy bien los proclamadores del pensamiento positivo que utilizan los recursos disponibles para ello desde su propio «atril». A mayores recursos, medios y voz, mayor será el «principio de autoridad», aunque lo que digan no tenga evidencia científica.

Desde la perspectiva psicológica, decir que «tú puedes» o «que todo va a mejorar»… es tan poco realista como decir que todo va a empeorar.

Lo que las personas necesitamos son informaciones precisas para tomar decisiones adaptativas frente a nuestras circunstancias y situaciones particulares (personalidad, análisis funcional, conocimiento del comportamiento humano, contextuales…) en lugar de aceptar automáticamente las afirmaciones y pensamientos positivistas e ilusorias en base a tal principio de autoridad de gurús, coaches, sabios y otros magufos.

Seamos muy meticulosos y no pongamos nuestra salud en manos de escuelas positivistas y pseudoterapias del desarrollo personal que perjudiquen nuestro bienestar.

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