Muchos padres/madres me comentan con frecuencia su preocupación porque no pueden evitar decir algunas inconveniencias a sus hijos (gritar, amenazar, sermonear, castigar…). No es fácil abandonar hábitos aprehendidos e internalizados familiares que probablemente fueron funcionales en algún otro momento social pero que quizá ahora no lo sean. Muchos de estos hábitos pueden llegar a ser hoy exigencias que no tienen demasiada utilidad, – nuestros propios padres/madres hicieron lo que pudieron con la información que ellos tenían o aprendieron -. Sin embargo, como padres/madres aceptar nuestros posibles fallos puede ser el primer paso para mejorarlos e incluso poder cambiarlos.

En acompañamientos familiares incido en la importancia que tiene para nuestros hijos e hijas que experimenten las consecuencias naturales de su propia conducta en lugar de recibir castigos o aplicar otro tipo de imposiciones. El problema del castigo no suele ser una solución para muchos chicos y chicas, ya que más que formar «deforma», y en lugar de reparar su mala acción y buscar la manera de enfrentar sus propios errores, se obsesionan con fantasías de venganza que no llegan a buen puerto.

Dejar de lado sentencias imperativas y sermones, ser comprensivos con nuestros hijos e hijas y sus dificultades, puede ser el comienzo para tomar en cuenta otras ideas conjuntas de solución. Es una forma distinta para trabajar en encontrar otras soluciones de manera mucho más aceptable y contribuir a que adquieran mayor responsabilidad en su comportamiento.

No existen fórmulas mágicas pero sí podemos añadir otras estrategias que a modo de «ensayo y error» podamos obtener resultados que nos lleven a objetivos mucho más efectivos.

¿Qué podemos hacer en vez de castigar a nuestros hijos?

  • Expresar nuestros sentimientos con firmeza (evitando atacar su carácter): Diferenciar comportamiento y carácter. Así su autoestima no se verá dañada y asumirá la mejor elección de su comportamiento adquiriendo mayor responsabilidad.

«Me he sentido enfadada cuando he encontrado tu ropa del fútbol sucia y tirada en la sala»

  • Manifestar nuestras expectativas: informar qué comportamiento esperamos y expresarlo con claridad y firmeza

«Cuando vuelvo de trabajar, espero que tu ropa sucia esté dentro del cesto de ropa para lavar»

  • Enseñar a nuestros hijos a rectificar: señalarles que puede reparar la situación

«Esa ropa necesita un buen lavado si quieres ir a jugar al fútbol el martes»

  • Dar opciones a nuestros hijos:

«Puedes meterla en el cesto de lavar la ropa ahora o hacerlo después junto a otra ropa sucia. Tú decides.

  • Tomar medidas: que ellos y ellas mismas experimenten las consecuencias naturales

«Hijo: Papá, ¿por qué no está la ropa limpia para jugar al fútbol?. Padre: ya lo sabes hijo»

  • Resolver conjuntamente los problemas:

«¿Cómo podemos resolver este problema para que vayas al fútbol con la ropa limpia y yo sepa que la has metido en el cesto para lavar?»

Evitar el castigo para que los chicos y chicas experimenten los resultados naturales de su conducta puede ser una forma de resolver problemas y de asumir las responsabilidades propias de su edad. Además, puede facilitar que de forma conjunta asuman quiénes se encargarán de tal o cual cosa y cuándo nos pondremos en marcha con ello.

Un acompañamiento familiar puede servir de gran ayuda en la orientación de estos casos de tal forma que se ensayen o expliciten las circunstancias reales dentro del contexto familiar en las que esta estrategia de conducta pueda ser aplicada, siempre desde la orientación psicoterapéutica profesional.

Psicología Familiar y Educación Social